29-El Principio de la Conciencia Única.
Jelkerá-Dios
es la Conciencia Única, que se expresa como cada ser, que tiene una conciencia
individual. El ser de conciencia individual está en unión eterna con El Ser de
Conciencia Única, y juntos forman un solo ser de luz. Cuando el ser individual,
acepta esto, por fe, alcanza la cualidad espiritual de la auto-elevación
constante y eterna de su frecuencia vibratoria hacia el Gran Sol Central, que
acelera su evolución para bien, y que propicia la bendición de Dios, en su
propio ser y mundo. El poder de la auto-elevación, no hace todo el trabajo
espiritual del individuo, pero ayuda muchísimo.
La cualidad
de auto-elevación, que procede de la Conciencia de Cristo, no elimina los
efectos negativos de la ley del ritmo. Si te toca tener una subida en tu vida,
la tendrás, y te alegrarás, y si te toca tener una bajada en tu vida, la
tendrás, y te entristecerás. Sin embargo, en las subidas y en las bajadas,
tendrás una ayuda espiritual, que es la presencia de Dios en ti, y una
esperanza cierta, basada en lo espiritual, que sobre todo, sirve para lo
espiritual.
La Conciencia
Única, es parte de la verdad espiritual, y atrae gran bendición al devoto, que
la acepta por fe, pero eso no quita las demás verdades de la existencia, como
que; “el hombre propone, pero Dios dispone”. Por eso, yo siempre digo la eterna
verdad, de que; “Yo confío en Dios, que me envía todo lo bueno y todo lo malo,
para la evolución de mi alma. Dios libera mi alma, pero no mi cuerpo”.
El poder de
la conciencia de Cristo, es muy grande, y la cualidad de la auto-elevación que
viene con ella, le da una gran bendición al devoto, pero no quita que la ley
del ritmo seguirá actuando, y habrá momentos de subida, y habrá momentos de
bajada, y no siempre se estará cada vez mejor, sino que a veces se estará cada
vez peor. La bendición del poder de auto-elevación, del devoto consciente de
Cristo, es más espiritual que material.
Cristo en ti,
no hará tu trabajo por ti. El trabajo de mejorar tu vida, debes hacerlo tú, y
Cristo te dará su apoyo. Sin embargo, tú no viniste al mundo, a éste bajo plano
de oscuridad, para que Dios te sirva a ti, sino que has venido al mundo, a éste
bajo plano de oscuridad, para servir a Dios. Por lo tanto, es muy bueno que
entiendas que eres uno con Dios, a través de Cristo en ti, pero también debes
entender, que para progresar, tendrás que orar, pensar, y actuar, y no solo
rezar.
Por hacer, el
orar, el pensar, o el actuar, puede que logres algo de lo que te propongas,
pero no lograrás todo. También puede suceder que no logres nada de lo que más
quieras, pero algo de lo que te propongas, sí lograrás, aunque más no sea,
pensar sobre un tema o sobre un problema, llegues a una conclusión o a una
solución, o no llegues a ninguna conclusión o a ninguna solución, pero si te
propones pensar sobre algo, lo más probable es que al menos pienses sobre ese
algo, lo cual, ya es algo, y peor es nada. Si se piensa en la estrategia
correcta, y se trabaja de la forma correcta, se terminará llegando al resultado
correcto, si uno tiene suficiente tiempo, y algo de buena suerte. A veces, para
llegar a la estrategia correcta, y al trabajo bien hecho, se requiere de varios
ensayos, y por eso es necesario tener tiempo y algo de buena suerte. Proponte
objetivos relativamente alcanzables, y pocos objetivos, de ser posible uno
solo, y quizás logres algo de lo que te propones. Pero si te propones objetivos
inalcanzables, lo más probable es que no logres ninguno de ellos.
Cuando yo escucho
a algunos individuos, decir que necesitan un maestro externo que los ayude a
conectar con su maestro interno, en un punto, tienen razón, pues necesitamos la
guía de devotos anteriores, para empezar a transitar el camino, ya sea con un
libro, o con alguna persona. Pero una vez que el maestro externo, te dice que
tienes un maestro interno, ya puedes concentrarte en tu maestro interno, y
descartar al maestro externo. Al principio uno
lee varios libros de varias doctrinas, luego medita, piensa por sí mismo,
y va encontrando su propia doctrina, y luego por ensayo, error, y acierto, uno
va afinando su propia doctrina, y el maestro interior, nos va iluminando a
medida que elevamos nuestra conciencia. Las enseñanzas del maestro, son una
aguja que sirve para sacar una espina, pero una vez sacada la espina, también
hay que sacar la aguja. En un punto, en Cristo ya lo tenemos todo, y nada nos
falta. Debemos ser discípulos de Cristo, y maestros de nosotros mismos. Cuando
uno aprende lo básico, ya se convierte en maestro de sí mismo, y no tiene que
andar atrás de ningún maestro externo, por más bueno que sea, pues si lo hace,
o el maestro enseñó mal, o el discípulo aprendió mal. En un punto, el maestro
externo, ya se convierte en un obstáculo, y hay que apartarlo, y que cada uno,
siga su propio camino.
Dios ayuda, a
quienes se ayudan a sí mismos, y Dios ayuda, a quienes sirven a Dios. Tú has tu
parte, de tu trabajo, y Dios hará su parte, de su trabajo. Pero recuerda que
Dios hará lo que él quiera, y no necesariamente lo que tú quieras. Sin embargo,
esfuérzate y sé valiente, que Jelkerá-Dios, está contigo.
También hay
que ser consciente, de que no se le puede pedir a alguien, más de lo que puede
dar, pues por más que se lo intente, nunca lo dará. Y en esto no importa si
tiene o no tiene, conciencia espiritual. No le pidas peras al olmo, pues el
olmo no te dará peras.
Jelkerá-Dios,
puede pensarse como un Océano de Conciencia. Pero aunque Jelkerá-Dios es
ilimitado, para sentirse completamente ilimitado, quiso experimentar la
limitación, y creó olas en el Océano de la Conciencia, y esas olas, son la
creación y las criaturas, que sufren la ilusión de ser algo separado de
Jelkerá-Dios, cuando en realidad, están unidas a Jelkerá-Dios, y forman parte
de él, de la misma forma que las olas, forman parte del océano. Las olas del
océano de la Conciencia, tienen un comienzo, un medio, y un fin, pero el Océano
de la Conciencia, es ilimitado, y en el fondo, las olas forman parte de lo
ilimitado, más allá de la ilusión, y en la verdad espiritual. Justamente, la
iluminación espiritual, consiste en aceptar, que más allá de la ilusión,
estamos unidos a Jelkerá-Dios, en la verdad.
Los seres del
mundo viven una ilusión de separación, y de comienzo, medio, y fin, pero la
verdad es que los seres del mundo, forman parte de la Conciencia Única sin
límite. La Conciencia Única, nos enseña, que en realidad, más allá de la
ilusión, Todo es Uno. Una afirmación, que puede usarse como mantra en las
meditaciones, puede ser ésta o una parecida; “Yo Soy la Conciencia Única,
expresada como una conciencia individual, y yo tengo la cualidad de la
auto-elevación”.
Paz a todos
los seres.
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