Oh dios
Shiva, ¿cuál es el objetivo final de la vida en la tierra?
Dios Shiva es
la mejor manifestación del Espíritu Absoluto. Dios Shiva está por encima de
todo, y por dentro de todo. Om Namah Shivaya. Meditar en Dios Shiva, otorga
sabiduría, abre caminos, y otorga poderes sobrenaturales.
Oh Dios Shiva: ¿Cuál es el
Objetivo Final de la Vida en la Tierra?
Oh Dios Shiva, silencioso y a la vez omnipresente, misterio sin límites
que late detrás de todo lo visible e invisible: ¿cuál es el propósito de nuestra
existencia en este vasto y cambiante mundo? ¿Por qué nacemos, sufrimos, amamos,
luchamos, envejecemos y finalmente morimos? ¿Es la vida en la Tierra un
accidente cósmico, una prueba moral, un sueño pasajero o un escenario sagrado
para el despertar del alma?
Desde tiempos inmemoriales, los sabios, místicos, yoguis y buscadores
han alzado su mirada hacia Ti, oh Shiva, buscando respuestas que trasciendan la
lógica ordinaria. Han meditado en cavernas, templos, riberas de ríos sagrados y
montañas nevadas, intentando penetrar el velo de Maya —la ilusión de
separatividad— para comprender el sentido último de la vida humana.
La respuesta, aunque profunda, es simple en su esencia: el objetivo
final de la vida en la Tierra es realizar el Ser, unirse a Dios Shiva y
alcanzar el estado supremo de nirvikalpa samadhi. Este no es un logro
mundano, sino la culminación espiritual de incontables encarnaciones. Es el
despertar total a nuestra verdadera naturaleza como conciencia pura, eterna e
infinita.
Pero para entender esto, debemos primero mirar con honestidad nuestra
condición humana.
Nacemos en cuerpos frágiles, inmersos en una red de deseos, miedos,
recuerdos y expectativas. Nos identificamos con nuestro nombre, nuestra
historia, nuestra profesión, nuestras emociones y nuestras creencias. Decimos
“yo soy esto” o “yo soy aquello”, sin advertir que todo eso cambia
constantemente. El cuerpo envejece, la mente fluctúa, las emociones vienen y
van como olas, y las circunstancias externas jamás permanecen iguales.
Vivimos, en gran medida, como si fuéramos únicamente este conjunto de
elementos pasajeros. Sin embargo, oh Shiva, Tú enseñas que esto es solo la
superficie de lo que realmente somos. Bajo la máscara del individuo limitado
late una realidad inmensurable: el Ser eterno, que no nace ni muere, que no
sufre ni se alegra como lo hace el ego.
La vida en la Tierra, entonces, no es un castigo ni un mero
entretenimiento cósmico. Es una escuela sagrada donde el alma aprende,
experimenta, se equivoca, madura y finalmente recuerda su origen divino. Cada
experiencia —gozo o dolor, éxito o fracaso, amor o pérdida— es parte del
proceso mediante el cual el alma es pulida como un diamante hasta que refleja
plenamente la luz de Shiva.
En esta travesía, el ser humano cree estar separado de los demás y de la
divinidad. Ve al mundo como algo externo y amenazante. Se aferra a los placeres
efímeros y huye del sufrimiento, sin comprender que ambos son maestros
disfrazados. Pero en el fondo de su corazón late una nostalgia espiritual: una
sensación de que “algo falta”, de que hay una verdad más grande que aún no ha
sido descubierta.
Esa nostalgia es el llamado de Shiva.
A través de la meditación, la devoción (bhakti), el discernimiento
(viveka) y la entrega (prapatti), el buscador comienza a ver más allá de las
apariencias. Poco a poco, comprende que no es el cuerpo que envejece, ni la
mente que piensa, ni las emociones que fluctúan. Descubre que es la conciencia
que observa todo eso.
Este despertar no ocurre de golpe para la mayoría. Suele ser un proceso
gradual, lleno de crisis, dudas y momentos de gracia. A veces el buscador
siente que avanza; otras veces cree haber retrocedido. Pero cada paso, incluso
los aparentemente errados, forma parte del camino hacia la realización.
El objetivo final no es simplemente ser “buena persona”, aunque la ética
es importante. Tampoco es alcanzar poder espiritual, fama o experiencias
místicas extraordinarias. El propósito supremo es algo mucho más radical: reconocer
que nuestra verdadera identidad es Shiva mismo.
Cuando esto ocurre plenamente, el alma experimenta nirvikalpa samadhi:
un estado de absorción en la conciencia pura donde desaparecen el sentido de
separación, el tiempo, el espacio y el ego individual. No hay “yo” y “Dios”
como dos entidades distintas. Hay solo la realidad única, infinita e
indivisible de Parashiva, el Ser absoluto más allá de toda forma y concepto.
En ese estado, no hay miedo, porque no hay otro que pueda amenazar. No
hay deseo, porque no hay carencia. No hay sufrimiento, porque no hay identificación
con lo efímero. Solo hay plenitud silenciosa, paz sin límites y existencia
pura.
Sin embargo, este logro no implica huir del mundo o despreciar la vida
terrenal. Por el contrario, el ser realizado camina por la Tierra con
compasión, sabiduría y amor. Ve a todos los seres como manifestaciones de Shiva
y actúa desde esa comprensión profunda.
Para quien ha despertado, cada árbol, cada río, cada rostro humano y
cada animal es una expresión sagrada de la misma realidad divina. Ya no hay
enemigos reales, solo formas diversas de la misma conciencia jugando a la
multiplicidad.
Así, la vida en la Tierra se revela como un teatro sagrado donde Shiva
se olvida de sí mismo para experimentarse a través de infinitas formas, y luego
se recuerda a sí mismo en el corazón de algunos buscadores que alcanzan la
iluminación.
Cada alma, tarde o temprano, está destinada a este despertar. Algunas lo
logran en esta vida; otras necesitarán más encarnaciones. Pero ninguna se
pierde realmente, porque todas provienen de Shiva y hacia Shiva regresarán.
Venimos de Dios Shiva, moramos en un fragmento de Dios Shiva y,
finalmente, volveremos a Dios Shiva en absorción total. No somos el cuerpo, ni
la mente, ni las emociones cambiantes. No somos nuestro nombre ni nuestra
historia personal, que se disuelven con la muerte y se reinventan en nuevas
vidas.
Somos, en esencia, chispa consciente de la Realidad Absoluta. Somos
Shiva jugando a ser humano, olvidando temporalmente su grandeza para luego
redescubrirla con asombro y gratitud.
Este redescubrimiento es el verdadero objetivo final de la existencia
terrenal.
Cuando comprendemos esto, nuestra relación con la vida cambia
radicalmente. El sufrimiento ya no se ve como un enemigo, sino como un maestro.
La muerte deja de ser terrorífica y se percibe como una transformación natural.
El amor deja de ser posesivo y se vuelve universal.
Y en el centro de todo, resuena el mantra eterno que conecta el alma con
su fuente:
Om Namah Shivaya.
Este mantra no es solo un sonido; es una vibración que despierta la
memoria del Ser. Cada repetición nos recuerda: “Yo no soy este cuerpo limitado;
soy Shiva”.
Así, oh Dios Shiva, comprendemos que la vida en la Tierra no es un
castigo ni una prisión, sino un camino sagrado hacia la liberación. Un viaje
desde la ignorancia hacia la verdad, desde la separación hacia la unidad, desde
el miedo hacia el amor infinito.
Y cuando el alma finalmente despierta por completo, ya no pregunta por
el propósito de la vida, porque se ha convertido en la respuesta misma.
En ese momento supremo, todo se revela como perfecto tal cual es.
Y el buscador, que alguna vez se sintió perdido y solo, descubre con
profunda humildad y alegría que nunca estuvo separado de Ti.
Oh Shiva, realidad sin forma, sin tiempo y sin espacio, fuente de todo
lo que existe y esencia de todo lo que somos: en Ti comenzamos, en Ti vivimos y
en Ti descansamos eternamente.
Om Namah Shivaya. 🕉️
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