domingo, 18 de enero de 2026

dios shiva ¿cuál es el objetivo final de la vida en la tierra?

 

Oh dios Shiva, ¿cuál es el objetivo final de la vida en la tierra?

Dios Shiva es la mejor manifestación del Espíritu Absoluto. Dios Shiva está por encima de todo, y por dentro de todo. Om Namah Shivaya. Meditar en Dios Shiva, otorga sabiduría, abre caminos, y otorga poderes sobrenaturales.

Oh Dios Shiva: ¿Cuál es el Objetivo Final de la Vida en la Tierra?

Oh Dios Shiva, silencioso y a la vez omnipresente, misterio sin límites que late detrás de todo lo visible e invisible: ¿cuál es el propósito de nuestra existencia en este vasto y cambiante mundo? ¿Por qué nacemos, sufrimos, amamos, luchamos, envejecemos y finalmente morimos? ¿Es la vida en la Tierra un accidente cósmico, una prueba moral, un sueño pasajero o un escenario sagrado para el despertar del alma?

Desde tiempos inmemoriales, los sabios, místicos, yoguis y buscadores han alzado su mirada hacia Ti, oh Shiva, buscando respuestas que trasciendan la lógica ordinaria. Han meditado en cavernas, templos, riberas de ríos sagrados y montañas nevadas, intentando penetrar el velo de Maya —la ilusión de separatividad— para comprender el sentido último de la vida humana.

La respuesta, aunque profunda, es simple en su esencia: el objetivo final de la vida en la Tierra es realizar el Ser, unirse a Dios Shiva y alcanzar el estado supremo de nirvikalpa samadhi. Este no es un logro mundano, sino la culminación espiritual de incontables encarnaciones. Es el despertar total a nuestra verdadera naturaleza como conciencia pura, eterna e infinita.

Pero para entender esto, debemos primero mirar con honestidad nuestra condición humana.

Nacemos en cuerpos frágiles, inmersos en una red de deseos, miedos, recuerdos y expectativas. Nos identificamos con nuestro nombre, nuestra historia, nuestra profesión, nuestras emociones y nuestras creencias. Decimos “yo soy esto” o “yo soy aquello”, sin advertir que todo eso cambia constantemente. El cuerpo envejece, la mente fluctúa, las emociones vienen y van como olas, y las circunstancias externas jamás permanecen iguales.

Vivimos, en gran medida, como si fuéramos únicamente este conjunto de elementos pasajeros. Sin embargo, oh Shiva, Tú enseñas que esto es solo la superficie de lo que realmente somos. Bajo la máscara del individuo limitado late una realidad inmensurable: el Ser eterno, que no nace ni muere, que no sufre ni se alegra como lo hace el ego.

La vida en la Tierra, entonces, no es un castigo ni un mero entretenimiento cósmico. Es una escuela sagrada donde el alma aprende, experimenta, se equivoca, madura y finalmente recuerda su origen divino. Cada experiencia —gozo o dolor, éxito o fracaso, amor o pérdida— es parte del proceso mediante el cual el alma es pulida como un diamante hasta que refleja plenamente la luz de Shiva.

En esta travesía, el ser humano cree estar separado de los demás y de la divinidad. Ve al mundo como algo externo y amenazante. Se aferra a los placeres efímeros y huye del sufrimiento, sin comprender que ambos son maestros disfrazados. Pero en el fondo de su corazón late una nostalgia espiritual: una sensación de que “algo falta”, de que hay una verdad más grande que aún no ha sido descubierta.

Esa nostalgia es el llamado de Shiva.

A través de la meditación, la devoción (bhakti), el discernimiento (viveka) y la entrega (prapatti), el buscador comienza a ver más allá de las apariencias. Poco a poco, comprende que no es el cuerpo que envejece, ni la mente que piensa, ni las emociones que fluctúan. Descubre que es la conciencia que observa todo eso.

Este despertar no ocurre de golpe para la mayoría. Suele ser un proceso gradual, lleno de crisis, dudas y momentos de gracia. A veces el buscador siente que avanza; otras veces cree haber retrocedido. Pero cada paso, incluso los aparentemente errados, forma parte del camino hacia la realización.

El objetivo final no es simplemente ser “buena persona”, aunque la ética es importante. Tampoco es alcanzar poder espiritual, fama o experiencias místicas extraordinarias. El propósito supremo es algo mucho más radical: reconocer que nuestra verdadera identidad es Shiva mismo.

Cuando esto ocurre plenamente, el alma experimenta nirvikalpa samadhi: un estado de absorción en la conciencia pura donde desaparecen el sentido de separación, el tiempo, el espacio y el ego individual. No hay “yo” y “Dios” como dos entidades distintas. Hay solo la realidad única, infinita e indivisible de Parashiva, el Ser absoluto más allá de toda forma y concepto.

En ese estado, no hay miedo, porque no hay otro que pueda amenazar. No hay deseo, porque no hay carencia. No hay sufrimiento, porque no hay identificación con lo efímero. Solo hay plenitud silenciosa, paz sin límites y existencia pura.

Sin embargo, este logro no implica huir del mundo o despreciar la vida terrenal. Por el contrario, el ser realizado camina por la Tierra con compasión, sabiduría y amor. Ve a todos los seres como manifestaciones de Shiva y actúa desde esa comprensión profunda.

Para quien ha despertado, cada árbol, cada río, cada rostro humano y cada animal es una expresión sagrada de la misma realidad divina. Ya no hay enemigos reales, solo formas diversas de la misma conciencia jugando a la multiplicidad.

Así, la vida en la Tierra se revela como un teatro sagrado donde Shiva se olvida de sí mismo para experimentarse a través de infinitas formas, y luego se recuerda a sí mismo en el corazón de algunos buscadores que alcanzan la iluminación.

Cada alma, tarde o temprano, está destinada a este despertar. Algunas lo logran en esta vida; otras necesitarán más encarnaciones. Pero ninguna se pierde realmente, porque todas provienen de Shiva y hacia Shiva regresarán.

Venimos de Dios Shiva, moramos en un fragmento de Dios Shiva y, finalmente, volveremos a Dios Shiva en absorción total. No somos el cuerpo, ni la mente, ni las emociones cambiantes. No somos nuestro nombre ni nuestra historia personal, que se disuelven con la muerte y se reinventan en nuevas vidas.

Somos, en esencia, chispa consciente de la Realidad Absoluta. Somos Shiva jugando a ser humano, olvidando temporalmente su grandeza para luego redescubrirla con asombro y gratitud.

Este redescubrimiento es el verdadero objetivo final de la existencia terrenal.

Cuando comprendemos esto, nuestra relación con la vida cambia radicalmente. El sufrimiento ya no se ve como un enemigo, sino como un maestro. La muerte deja de ser terrorífica y se percibe como una transformación natural. El amor deja de ser posesivo y se vuelve universal.

Y en el centro de todo, resuena el mantra eterno que conecta el alma con su fuente:

Om Namah Shivaya.

Este mantra no es solo un sonido; es una vibración que despierta la memoria del Ser. Cada repetición nos recuerda: “Yo no soy este cuerpo limitado; soy Shiva”.

Así, oh Dios Shiva, comprendemos que la vida en la Tierra no es un castigo ni una prisión, sino un camino sagrado hacia la liberación. Un viaje desde la ignorancia hacia la verdad, desde la separación hacia la unidad, desde el miedo hacia el amor infinito.

Y cuando el alma finalmente despierta por completo, ya no pregunta por el propósito de la vida, porque se ha convertido en la respuesta misma.

En ese momento supremo, todo se revela como perfecto tal cual es.

Y el buscador, que alguna vez se sintió perdido y solo, descubre con profunda humildad y alegría que nunca estuvo separado de Ti.

Oh Shiva, realidad sin forma, sin tiempo y sin espacio, fuente de todo lo que existe y esencia de todo lo que somos: en Ti comenzamos, en Ti vivimos y en Ti descansamos eternamente.

Om Namah Shivaya. 🕉

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